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La importancia de los amigos imaginarios

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Este mundo de imaginación infantil es uno de los primeros signos de que el niño está creando su propia identidad.

Miércoles, Abril 27th, 2016

Es normal que a eso de los 3 ó 4 años tu hijo te cuente acerca de sus historias con ese amigo que sólo él ve, ése que todos tuvimos de niños y, que a pesar del paso de las generaciones, sigue existiendo en la mente de los más pequeños. Se trata del amigo imaginario, que más que una simple fantasía infantil es un “fantasmita” indispensable en la formación de la identidad de tu niño y su capacidad de sociabilizar con otros. Te contamos por qué.
 
Este mundo de imaginación infantil es uno de los primeros signos de que el niño está creando su propia identidad, abriendo las puertas a un mundo exterior y la sociabilización que ello implica. Y el amigo imaginario es el sostén que los más chicos necesitan para salir airosos al mundo real, para ellos aún desconocido, y hacer amigos de carne y hueso como él.
 
Estos seres se presentan en la imaginación del niño en la etapa preescolar y en ciertas ocasiones un poco después. Se trata de personas, objetos o personajes inventados, con quienes comparten sus sentimientos y sus actividades, como si se tratara de su mejor amigo. Incluso atribuyen sus propios sentimientos a este personaje.
Si bien, es un fenómeno muy común en los niños, sólo algunos tienen como compañero a este amigo invisible, generalmente se da más en hijos únicos o niños más sensibles, que se conectan con mayor facilidad con la fantasía y que crean estos personajes, con quienes juegan, pelean y comparten sus habilidades.
 
Aunque para muchos este tema podría ser un tanto absurdo, es sumamente importante respetar el espacio del niño con su amigo imaginario y no invadirlo con preguntas o derribarle este mundo de fantasía que lo acompañó durante sus primeros años de vida. Es positivo que los padres conversen con su hijo y compartan esta magia de una manera muy sutil sin alentar al niño, de manera que no se transforme en una conducta que se prolongue en el tiempo más de lo que corresponde (hasta que ingrese al jardín o al colegio).
 
Igualmente, tenés que estar atenta a que estos “personajes invisibles” no hagan que el niño se aparta de la vida real y sus actividades. De manera que no le interese hacer amigos nuevos, participar en actividades del colegio y utilice a su amigo imaginario como refugio.
 
Una buena opción para hacer que de a poco se vayan olvidando del amigo imaginario es reemplazarlo con un objeto transicional. El mismo puede ser una manta, una almohada o un muñeco que lo haga sentirse acompañado y seguro.

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